Sunday, November 01, 2009

La amenaza de más allá del tiempo y del espacio

El sonido de las botas contra el pavimento y el rugido de los tanques arrastrando sus orugas sobre el suelo de Praga retumbaban en la cabeza de Jakub. No era el ambiente en el que le habría gustado trabajar, pero no tenía elección. Se incorporó y bebió un trago de té verde para mitigar el sabor a vómito de su boca.

Junto al colchón sobre el que había superado el proceso de purificación había braseros de los que salían aun finos hilos de humo y una serie de viales y tarros en los que se guardaban las poderosas, extrañas y muy valiosas hierbas y esencias con las que había intoxicado su cuerpo con el objetivo de limpiar su espíritu.

Al ver que su maestro había despertado Kham-dang se acercó para ofrecerle sus ropajes ceremoniales, Jakub los aceptó con una reverencia y se vistió mientras observaba la máquina de Palenque. El artefacto parecía la silla de un dentista especializado en titánicos autómatas pero se trataba en realidad de una poderosa máquina que concentraba la magia inherente a un complejo sistema de discos y poleas para conducirla a través de una serie de canales, tubos y bobinas de bronce, obsidiana y malaquita.

-La máquina está preparada, Maestro -dijo Kham-dang extendiendo el brazo hacia el artefacto- cuando lo desee podemos dar comienzo al ritual.

Sin responder, con la mente ya cercana al punto de disociación astral, Jakub avanzó hacia la máquina de Palenque y se recostó en el asiento del piloto. Sus ayudantes atraparon sus manos y pies con cierres de bronce y fijaron el psicoscopio a la altura del rostro de Jakub, tras lo cual rodearon el artefacto y comenzaron a murmurar el mantra de la transcorporeidad.

***

Mientras tanto, en Nepal, los nueve discípulos del Dr. Cheung se mecían suavemente como abetos sobre una colina. Sus ojos estaban en blanco y de sus gargantas surgía un canto karkhiraa que inundaba la caverna en la que el más impío de los rituales estaba a punto de finalizar.

El lugar carecía de adornos o decoración a excepción de un altar tallado en obsidiana, labrado con terribles imágenes de destrucción y muerte. La sangre de once recién nacidos recorría ahora los terribles relieves y los llantos de la duodécima víctima se mezclaban con el obsceno canto de los discípulos despertando las energías telúricas que impregnaban las paredes de roca. Con su visión alterada por los sicotrópicos el Doctor Cheung contempló las corrientes de energía arremolinarse en las paredes como el mar cuando la tormenta está a punto de estallar, susurró el nombre prohibido de Tiamat que los sacerdotes de Babilonia ocultaron durante generaciones y con un movimiento seco hundió su kartrika en el pecho del neonato.

Ante sus ojos la energía contenida en la gruta se desbordó con furia, saturando los cuerpos de sus discípulos y generando un vórtice de energía psíquica que proyectaría su espíritu hacia planos astrales inalcanzables por otros medios. Cheung sonrió y se preparó para satisfacer la que había sido su obsesión durante décadas, el trabajo de toda una vida: la destrucción de todo lo que es, fue y será; el aniquilamiento de la realidad misma.

***
La máquina de Palenque vibró al detectar el estallido de energía psíquica provocado por el Dr.Cheung y el complejo mecanismo del psicoscópio se puso en marcha permitiendo a Jakub ver la forma astral del Dr.Cheung sublimarse hacia los más oscuros planos exteriores.

Rápidamente Jakub desplazó una de las palancas de bronce activando la máquina y su consciencia se proyectó hacia los planos astrales, dando comienzo una persecución que duraría evos. Las almas de Jakub y del peligroso Dr.Cheung recorrieron el Gehena, el Reino de los Narakas y atravesaron las fauces de Angra Mainyu hasta llegar al lugar-tiempo donde Nada y Todo existe a la vez, donde tendría lugar la batalla espiritual que decidiría el destino de la misma existencia.

Al llegar a ese imposible lugar Jakub se maldijo a sí mismo por no haber sido más veloz en su persecución, ya que el Dr.Cheung ya había rasgado el tejido de la realidad y a través de la colosal abertura pudo vislumbrar la innombrable monstruosidad que su enemigo había venido a liberar. No era vida lo que brillaba en aquel millar de ojos y todas aquellas pesadillas y abominaciones que eran demasiado obscenas para ser imaginadas por el hombre palpitaban en su abultado abdomen, de sus fauces surgían los gritos de dolor de agonías prolongadas durante eternidades y sus movimientos eran los estertores de una muerte que jamás llegaba ¡La Bestia llamaba a las puertas de nuestro universo!

***
La innombrable monstruosidad cerró sus fauces engullendo miles de realidades. Posibilidades que jamás serían y decisiones que ya nunca se tomarían desaparecieron para siempre en el caos inhóspito que la criatura albergaba en su interior y, en ese instante, decenas de sabios, ascetas y místicos de todas las eras percibieron el anuncio de un final absoluto, definitivo y total.

Jakub se sintió desbordado, había planeado interceptar a Cheung antes de que tuviese la posibilidad de permitir a la bestia el acceso a la realidad, pero había fallado y ahora se enfrentaba a una criatura de un poder inimaginable.

-¡Loco! ¡Maldito demente! ¿Es esto a lo que has dedicado tu vida? ¿Has causado tanto dolor para morir aquí rodeado de la negación absoluta que esta bestia está destinada a dejar tras de sí?

-No espero que lo entiendas –Vociferó el doctor- tu mentalidad es la de un siervo y has dedicado tu vida a entorpecer puerilmente mi tarea. Yo, en cambio, estoy destinado a la grandeza ¡Mi legado no será otro que la aniquilación de toda existencia, no habrá nada después de mí! ¡Soy el definitivo Omega! No hay nada que puedas hacer para destruir a este magnífico Leviatán, estás condenado a flotar con nosotros en la inexistencia de un vacío sin tiempo ¡Que patética trinidad seremos!

Jakub era consciente de que no disponía de medios mágicos lo suficientemente poderosos como para contener la ola de destrucción que se abalanzaba sobre la realidad. Se concentró en la materia psíquica primordial que le rodeaba y comenzó a formar una cápsula en torno a sí mismo con los principios absolutos que conformaban el universo. Tomó las leyes que rigen la materia en todo el universo, las partículas primordiales que existen más allá del ojo humano y formó una coraza con la que proyectó su forma astral directamente hacia las fauces de la bestia.

El Doctor Cheung contempló incrédulo cómo, tras engullir a Jakub, la imposible forma de la criatura se veía afectada por la armonía cuántica, el orden aparecía donde sólo había caos y la no-materia irracional sucumbía ante el imparable empuje de las leyes del cosmos esgrimidas por el mago. Como un animal herido, la bestia retrocedió hacia la irrealidad de la que provenía huyendo del daño que se había introducido en su cuerpo y, como una araña que teje su red selló la brecha que le había dado acceso a nuestro universo para retirarse a la irracionalidad donde había sido engendrada.

Derrotado y sin fuerzas suficientes para emprender el camino de regreso a su forma mortal, el Doctor Cheung planeó su siguiente movimiento desde el principio mismo de los tiempos.

Monday, October 19, 2009

La Fumadora

Sentada sola en la cafetería, la fumadora daba largas caladas a sus cigarros. Sólo fumaba cigarros “Romeo y Julieta”, no porque fuesen mejores que otros o le gustasen especialmente si no por puro capricho; un día, mientras paseaba por el barrio colonial de Santo Domingo, decidió que no fumaría otra cosa.

Así funcionaba la fumadora, el esnobismo era su motor y el capricho su combustible.

Sus relaciones con los hombres se regían por la misma regla de oro. No aceptaba las atenciones de nadie mundano y sólo los pretendientes más extravagantes, insultantes e incluso desagradables podían acercarse a ella. Así, por la vida de la fumadora desfiló un interminable reparto de despropósitos humanos, esperpentos, parodias y peleles cuyo único mérito era carecer del sentido del decoro necesario para no dejarse ver en público.

La fumadora debería haber envejecido hasta convertirse en una anciana extravagante embarcada en una escandalosa relación con un muchacho homosexual con edad como para ser su bisnieto, pero su fulgurante carrera se vio truncada por un efecto secundario -previsible pero trágico- de su política de selección de amantes. Entre ese elenco de inofensivos lunáticos esperaba agazapada una bestia, un loco que no se contentaba con engrosar la lista de antiguos consortes de la reina de la frivolidad. La fumadora se despertó una noche con las manos de su antiguo amante aferradas a su cuello, aplastando su tráquea y convirtiéndola en leyenda.

Thursday, July 16, 2009

El Desinnovador

Rutger tiene un don por el que el Rey Midas habría matado. Rutger, el desinnovador, tiene el toque de la banalidad, la capacidad de convertir en mundano lo exquisito.

Los primeros años de la vida de Rutger fueron muy duros, sus padres perdieron pronto la ilusión por la vida y decidieron dejarle huérfano cuando él aun era una criatura indefensa. Pasó años en un hospicio donde vio como, uno a uno, sus compañeros encontraban nuevas familias que les acogían con los brazos abiertos y amplias sonrisas. Él, sin embargo, parecía incapaz de despertar ese amor en nadie y creció solo, gris y desgraciado.

Al llegar a la adolescencia Rutger estaba lleno de ira, pero su carrera como delincuente juvenil fue corta y carente de éxitos. Cajas, carteras y bolsillos estaban siempre vacíos para él y nadie parecía tener interés en sus constantes búsquedas de pelea.

El Ejército fue el primer lugar en el que se sintió cómodo. Corría, disparaba, hacía su cama y guardaba la puerta del cuartel bajo la lluvia con gran diligencia día tras día. Cuando él y sus compañeros recibían un permiso visitaban los prostíbulos de la ciudad y sacaban pecho cuando se cruzaban con marineros de permiso, cruzando insultos y amenazas. Se arrastraba por el barro durante las maniobras y desfilaba con sobria disciplina junto a sus camaradas.

Cuando se licenció se sintió desamparado, nunca había hecho nada para ganarse la vida, nunca había sido capaz de aprender algo realmente útil o que le diese ventaja sobre los demás. “Acabaré arrastrándome por la calle, fingiendo una discapacidad para arañar unas monedas”, pensó.

Todo cambió cuando conoció a Ernst Cassiel.

Las revistas de economía decían que Ernst tenía olfato para los negocios, pero se equivocaban. El verdadero don de Ernst era el de ver a la gente. Ernst no sólo miraba a las personas, como suele hacer todo el mundo, si no que veía lo que eran, lo que se ocultaba tras los modismos, máscaras y poses. Cuando miraba a Rutger veía una inagotable fuente de mediocridad y los beneficios que podrían obtenerse de un talento como ese.

Así pues tengan cuidado, señores empresarios.Si algún día un hombre bien vestido se cruza en su camino, extiende su mano y se presenta como Rutger Waise no se dejen llevar por las exigencias del protocolo, no teman ser hoscos, ya que es seguro que Ernst Cassiel ha decidido neutralizar a la competencia.

Monday, March 16, 2009

Rasputín

Sentado en un banco en el parque debo parecer un muñeco viejo abandonado el Día de Reyes, estoy seguro de que si no estuviese completamente borracho me dolería hasta el último hueso, glándula y cartílago de mi cuerpo.

Cojo el último cigarrillo del paquete y lo acerco a mi boca; mala idea, nunca se debe fumar con el labio partido, pero entre el viernes y el lunes por la mañana mi sentido común se va de vacaciones y me deja de Rodríguez, con resultados de lo más variado.

Enciendo el cigarrillo como puedo, el brazo tiembla por el esfuerzo o por el frío, no estoy seguro. Dos ancianas pasan ante mí y cuchichean mientras me lanzan miradas réprobas; ante todo soy un tipo educado, así que les dedico mi mejor sonrisa, sanguinolenta y humeante.

-Señoraaas.

¿Cómo he acabado escupiendo pedazitos de muela en un parque? Supongo que es la consecuencia inevitable de mi comportamiento, siempre he seguido una versión posmoderna de la filosofía de Rasputín, degradándome todo lo posible el fin de semana para que la culpabilidad me conserve cuerdo y alerta de lunes a viernes, pero siempre había conseguido evitar las peleas; diplomacia, intimidación o el atisbo de la pura demencia en mis ojos solían bastar para disuadir a mis posibles adversarios, pero parece que esta vez la he cagado olímpicamente.

Debería haber sido más cuidadoso, todo este tiempo fuera de la ciudad me hizo bajar la guardia; aquí la gente tiene los puños dispuestos para salir de paseo a la mínima provocación, real o imaginaria, y no hay provocación más clara que tirarle los trastos a la chica a la que le han echado el ojo. Miento, es aun peor echarle los trastos y tener éxito donde él lleva meses fracasando, eso es una declaración de guerra abierta, nuclear, biológica, firmada y acompañada por una nota en la que pone “patéame el culo, gañán”.

A medida que el frío mañanero despeja mi cerebro el dolor se hace notar cada vez más; calculo que me queda media hora de anestesia, así que me levanto y atravieso el parque en dirección a casa de mis padres, con un poco de suerte podré escurrirme hacia el baño mientras desayunan y adecentarme un poco, si mi madre me ve en este estado es capaz de quedarse tiesa en el sitio.

Hoy ha sido una buena noche, si señor.

Wednesday, January 14, 2009

The Brave and The Bold

Fio respiró profundamente, una bocanada de aire abrasador calentado por el napalm entró en sus pulmones, contuvo la respiración y apretó de nuevo el gatillo de su rifle combinado. Una lengua de fuego químico cubrió el nido de ametralladoras en el que perdieron la vida tres soldados enemigos.

Fio alzó la vista y vio al Teniente Rossi correr por las ruinas del segundo piso de lo que en otro tiempo había sido un bloque de apartamentos, el cuchillo de Rossi bailó en el aire en una demostración práctica de lo inútil que resulta un lanzamisiles en combate cuerpo a cuerpo y antes de que el cadáver del especialista tocase el suelo otros dos soldados habían muerto al recibir los certeros disparos del comando.

Una granada estalló frente a Fio delatando la presencia de tropas enemigas ocultas tras una columna de coches quemados.

-¡Aquí abajo!-gritó.

Al oír su grito Rossi corrió hacia la cornisa y saltó hacia el siguiente edificio mientras disparaba su pistola hacia el suelo, limpiando el camino para que Fio continuase avanzando.

Fio saltó sobre los coches y notó el viento producido por los rotores de un pequeño helicóptero de ataque al pasar sobre su cabeza, instintivamente disparó una llamarada hacia el cielo, pero el helicóptero continuó avanzando hacia Rossi, demasiado ocupado acuchillando soldados enemigos como para ver cómo la aeronave dejaba caer una bomba incendiaria.

Sola frente al helicóptero Fio saltó hacia delante mientras lanzaba dos granadas que estallaron frente a la cabina del helicóptero, la máquina se abalanzó sobre ella preparada para lanzar otra bomba. Sin esperar un segundo Fio saltó de nuevo disparando una y otra vez su arma y haciendo desaparecer el vehículo en una inmensa bola de fuego.

En ese momento, mientras los restos del helicóptero caían a su alrededor, Fio notó cómo una bala perdida impactaba contra su pecho.




Shotaro dejó escapar un quejido al ver terminar su partida así.

-No puedo creerlo ¿de donde ha salido eso?

Miró a Kaori, visiblemente decepcionada con el juego.

-Lo que no puedo creer es que me convencieses para jugar a esto, ahora me siento igual de vieja y tonta que mi padre.

-No tienes ni idea -dijo Shotaro mientras buscaba su tarjeta de pago.

-Si, lo que tú digas, cuando termines de perder el tiempo con esto búscame en el Virtual Scramble, ya sabes, un juego de verdad.

Shotaro asintió con la cabeza mientras introducía la tarjeta en la máquina, era en momentos como ese en los que Kaori deseaba tener un novio aficionado al baseball.

Tuesday, December 23, 2008

¿Qué hay más allá del Laberinto de Swan?

Esta pregunta ha sido la obsesión de cientos de teóricos de la ciberconexión desde que en el año 2029 el profesor Werner Swan descubriese este efecto en uno de sus estudiantes de doctorado en el Departamento de Cibernética e Interfaces Neuronales de la Universidad Técnica de Viena.


Frida Schmid tiene el triste honor de ser el primer ser humano que se internó en el Laberinto de Swan para no volver jamás. Como tantos otros integrantes de la generación nacida a principios del nuevo siglo la señorita Schmid había nacido y crecido rodeada de las máquinas y aparatos electrónicos, desarrollando lo que el profesor Swan llamaba “preconsciencia cibernética”.

Los experimentos de Swan buscaban localizar y explotar ese nuevo sentido, sus estudiantes realizaban ciberconexiones paralelas de extrema complejidad a diario, llegando a alcanzar resultados que sumieron a su equipo en un estado de euforia que se disipó trágicamente el 23 de agosto de 2029. Al contrario de lo que se podría esperar el incidente de la señorita Schmid no ocurrió durante una de estas sesiones de ciberconexión extrema, si no en la soledad de su habitación mientras realizaba la compra de un billete de avión.


Antes del accidente que le costó la vida el propio Swan se embarcó en una cruzada en favor de la prevención de este desafortunado efecto proponiendo limitaciones a la velocidad de ciberconexión y a la profundidad a la que operaban los interfaces neuronales sin demasiado éxito, la carencia de datos empíricos consistentes propia del estudio de un fenómeno tan esquivo como letal convirtió al profesor en un Quijote del nuevo milenio.

Como predijo su descubridor el Laberinto de Swan se ha convertido en un efecto cada vez más común, superando en porcentaje de incidencias a enfermedades para las que sí se destinan grandes presupuestos en las corporaciones biomédicas. El perfil del afectado medio se ha visto ampliando desde su origen ya que, treinta años después del primer caso, todos hemos crecido en las mismas condiciones que la señorita Schmid y sus desafortunados compañeros, todos hemos desarrollado ese séptimo sentido que Swan pretendía formalizar, documentar y explotar.


Ante este panorama ya no es difícil comprender lo que motiva a los pequeños grupos de peregrinos que vemos huir todos los días de las ciudades, los peligros y el clima extremo de los terrenos despoblados parecen molestias leves al compararlos con el estado de paranoia en el que se ha sumido nuestra sociedad.

Necesitamos la ciberconexión para vivir pero sabemos que cada enlace puede ser el último y que nadie hará nada para resolver el problema porque admitir el peligro que representa el Laberinto de Swan significaría la pérdida de millones de Euros en contratos de servicios para las grandes corporaciones de cibertecnología, millones de Euros perdidos por los hospitales debido a la cancelación de costosas operaciones de cirugía cortical.


No soy un teórico de la ciberconexión, no deseo saber qué hay más allá del laberinto ni luchar contra las leyes del mercado para acabar como Swan, muerto y desprestigiado. Hoy he comprado dos perros, provisiones y un planeador solar, espero que algún día vengan a visitarme a la Zona de Exclusión.

Franz Bakoyannis
Tirana

Monday, August 04, 2008

Trilobyte

Diego chasqueó los dedos para llamar la atención de la camarera, parapetado tras botellas de cerveza suave y vasos de tequila le hizo una señal para que se acercase.

Petra tenía el aspecto agotado y avejentado de las madres solteras prematuras, a pesar de ello conservaba una figura rotunda y era evidente que unos años atrás había sido una belleza. En ocasiones cuando se movía de mesa en mesa y la luz reflejada en la cúpula de discos de oro se mezclaba con su piel morena Petra parecía recuperar parte del esplendor adolescente que, junto a su natural falta de sentido común, había sido el motor de su desgracia.
Al ver la señal de Diego, Petra dejó de cortar limones y se arrastró sin gracia hacia la mesa.

-¿Qué quiere?-Preguntó con desgana.

Sin ningún tipo de reparo Diego la observó de arriba a abajo, se sentía el emperador de la Luna y Petra era la joven campesina con la que se había encaprichado esa noche.

-Más de lo mismo-Respondió señalando las botellas.

-En seguida, señor.

Durante todo el camino de Petra hacia la barra Diego no perdió de vista el movimiento de sus nalgas, se divirtió siguiéndolo con un leve movimiento de la cabeza hasta que sintió la mordiente necesidad de otra dosis de bupropión.

Entró en el aseo y de su bolsillo sacó una lámina de plástico verde de la que despegó un parche hipodérmico rectangular que aplicó en su cuello; la hormona se distribuyó por su organismo elevándolo de nuevo a la órbita olímpica en la que había navegado desde su llegada al Mayan Luna Holliday Resort, se apoyó en la puerta y aspiró profundamente, disfrutando del escalofrío que recorría su columna vertebral.

Diego aterrizó profundamente cuando oyó abrirse la puerta del aseo, drogado o no era un profesional y se había acostumbrado a que los ataques de paranoia fuesen más abundantes que las horas de sueño; respiró suavemente y recogió cuidadosamente la información que flotaba en el ambiente mientras los filamentos táser de sus pulgares comenzaban a cargarse.

-Eres un hombre-relató hacia sí mismo-¿botines de cuero? menudo hortera, un hortera alto y con pasta, estás acostumbrado a usar la taza, te molesta que yo la esté ocupando...jódete, vas a tener que hacerlo en esa mierda de meadero de diseño ¿a qué hueles? lo he olido antes, si, lávate las manos y pírate, imbécil...

Aunque Diego se relajó cuando oyó los pasos del desconocido alejarse ya era demasiado tarde, había desperdiciado un subidón que prometía ser épico. Salió de los aseos y caminó hacia su mesa, apuró de un trago el tequila, bebió un sorbo de cerveza para compensar el sabor y se dirigió a la barra con la libido disparada por la fenetilamina. Entregó su chip de crédito a Petra y la observó fijamente mientras cobraba sus consumiciones en la caja electrónica, su cerebro de reptil se agitaba empapado por la hormona sintética, la cadencia de la guitarra eléctrica y el olor a sudor y llanto despertaron un irresistible ansia en él.

-Aquí tiene, gracias por visitar el Latin Rock Café.

Petra repitió su mantra comercial y devolvió el chip de crédito mientras se encogía incómoda al sentirse escrutada por los ojos de Diego. Intentó sin éxito no mirarle a los ojos.

-¿A qué hora termina tu turno?

Petra desvió la mirada y comenzó a balbucear una negativa educada, sus ojos iban y venían, intentaba no volver a cruzar su mirada hasta que su atención se centró en el fajo de billetes que Diego acababa de sacar del bolsillo de su chaqueta.

-¿Cuánto cobras por trabajar aquí? ¿Doscientos, ciento cincuenta? brutos, claro, después de pagar los impuestos, el oxígeno, el alquiler y los servicios mínimos te debe quedar una miseria.

-¡Por favor guarde eso!

-Vamos, seguro que sabes de alguien que pueda convertirlo en crédito.

Desesperada, Petra miró alrededor, el local estaba casi vacío y no parecía que ningún cliente les estuviese prestando atención. Pensó en la última vez que había dormido toda la noche y en lo lento que transcurría el tiempo cuando el futuro era un lugar con el que soñar.

-Espéreme a las 10 en la puerta de servicio- Susurró sin mirar a Diego.

***

Elvira terminaba de ponerse su uniforme cuando Petra entró en el vestuario. En el espejo vio a Petra quitarse el uniforme con desgana.

-Chica estás hecha polvo.

Petra respiró profundamente y tiró el uniforme dentro de su taquilla.

-No está siendo un buen día.

Elvira observó con preocupación a su amiga, se giró, posó las manos en sus caderas y sonrió.

-¿Cómo es que tú y yo no hemos salido nunca a divertirnos?

Petra sonrió mientras desabrochaba su sostén, apreciaba las buenas intenciones de Elvira, pero en ese momento le parecía la persona más inoportuna de toda la órbita.

-Tengo dos niños y estoy sola, Elvira, no me puedo divertir.

-Puedes dejarlos con mi hermana, ella tiene una niña, seguro que se lo pasan bien.

Petra miró a Elvira, era evidente que no daría el tema por zanjado hasta que accediese.

-Si-dijo mientras sonreía-es una buena idea.

-¡Claro que sí!-exclamó Elvira mientras salía de la habitación-ya verás, conozco unos sitios geniales.

Por fin sola, mientras se relajaba en la ducha, se permitió unos minutos de evasión. Se imaginó volviendo a la tierra, la guerra habría terminado, sus hijos crecerían sanos y alegres y ella podría ver la felicidad en sus ojos y en sus anchas sonrisas al sentir el mar acariciando sus tobillos.
Se vistió, pensó que ese no era el mejor de sus vestidos, aunque era algo que no le preocupaba demasiado e incluso le pareció conveniente. Se sentó y miró el reloj. Decidió que se retrasaría diez minutos.

***

El amplio Paseo de Cartagena se encontraba con el Paseo Libertadores en la magnífica Plaza Simón Bolívar, sus paredes estaban cubiertas de vegetación desde el suelo hasta el punto en el que estas se transformaban en una hermosa cúpula de titanio. Otros pasajes de menor importancia convergían también en la plaza, comunicando las zonas residenciales de los trabajadores y los locales oficialmente inexistentes con el corazón de la colonia.

Apoyado en una columna coronada por enredaderas Chaim Herzl observaba uno de los múltiples pasillos de mantenimiento que se abrían en las paredes del Paseo de Cartagena; mientras mordisqueaba un pedazo de pan sin levadura desvió su atención hacia una de las paredes holográficas en las que se anunciaba la última simulación sensorial protagonizada por Nicola Wong; de nuevo su personaje más popular, el asesino corporativo Cassius Reinhart, se enfrentaba a una emocionante trama llena de traición, explosiones, hackers musculosos y eróticos encuentros con sensuales ejecutivas africanas.

Sonrió y pensó en lo alejado de la realidad que era aquello; el verdadero trabajo de un asesino, su trabajo, era terriblemente aburrido. Había pasado los últimos cinco días siguiendo a Diego Teniers en un interminable recorrido por el Mayan Luna Holliday Resort, cualquier lugar en el que hubiese disponible alcohol y mujeres parecía adecuado. Su última adquisición era la camarera del Latin Rock Café, una mujer joven pero desgastada que se mostraba claramente incómoda acompañando a Diego en su rutina de tequila, cerveza y parches de anfetamina.

La publicidad continuó con el desfile habitual, en el que se alternaban anuncios absurdamente pornográficos de productos de alta tecnología y promesas de un futuro mejor para aquellos que optasen por unirse a la aventura colonial; los anuncios se transformaron en un panel de noticias, noticias filtradas, modificadas y maquilladas para que de ningún modo pudiesen agriar las vacaciones de los clientes del resort; en un increíble alarde de creatividad las guerras se transformaban en revoluciones, los genocidios en desastres naturales, las invasiones en misiones de paz, la muerte en aire y la sangre en perfume unisex.

Chaim decidió que había esperado suficiente. Con un movimiento del dedo anular cargó el proyector de dardos Gauss-Birkeland implantado en su antebrazo y se mezcló con la multitud, encaminándose al pasillo de mantenimiento al que Diego había arrastrado a su camarera.

***

Diego empujó a Petra contra la pared de resina, besó y mordió su cuello subiendo lentamente hasta llegar a su boca, deslizó la mano desde su cadera y comenzó a explorar entre sus piernas; cuando la mano derecha alcanzó sus pechos la pasividad de Petra se había transformado y sus caderas luchaban por fundirse con las de Diego.

-Hazlo-resopló en el oído de Diego-por favor, hazlo.

Diego sonrió y enterró sus dedos aun más profundos en el interior de Petra, forzando la liberación de un gemido enterrado bajo años de frustración y soledad. Petra se abrazó con fuerza, apretando la mano entre sus piernas mientras intentaba contener un grito de satisfacción. Diego aceleró el ritmo hasta que, de pronto, notó como Petra intentaba separarse.

-Nos han cogido-susurró ella.

En ese momento el instinto que había mantenido a Diego con vida durante años se abrió paso a través del velo de tequila y bupropión, acompañado por un olor familiar a harina de matzá; sin pensarlo se zafó del abrazo de petra y giró sobre su pié derecho en el momento en que tres dardos de carbono se clavaban en la cara de la camarera.

Petra apenas sentía dolor por los pequeños dardos, aunque sentía el escozor provocado por la toxina al extenderse por su cara y la calidez de la sangre al brotar de sus ojos y nariz; desconcertada, se volvió hacia Diego a tiempo de ver cómo desaparecía por el laberinto de pasillos de mantenimiento.

Una punzada en su vientre la derribó de rodillas y los restos de su propio organismo al licuarse brotaron de su boca mientras se retorcía en un espasmo, aturdida por el dolor provocado por el colapso de su sistema nervioso se contempló reflejada en el suelo y el terror se apoderó de ella al pensar que, después de todo, su vida acabaría allí.

Desesperada pensó que, de algún modo, todo acabaría bien y pensó en descansar mientras, cálida y agradable al deslizarse por sus muslos, su sangre la sumergió en un sueño profundo.

***

Gruesos tubos de metal salían de las paredes de cemento del pozo, exhibían su revestimientos corroídos y ajados mientras silbaban entonando un canto suave antes de ascender y fundirse con la oscuridad desde la que goteaba el agua, condensada y contaminada tras refrigerar los enormes conversores de gravedad que gemían cientos de metros más arriba, más allá de la oscuridad.

Diego alzó la vista y observó como el humo de su cigarrillo se perdía entre los gases que escapaban de las tuberías, intentando desviar la atención del dolor que provocaba el corte en su mano izquierda; pensó que, seguramente, no sobreviviría a su próximo encuentro con Herzl.
Desvió su atención hacia la taza de metal que sostenía en su mano derecha, en su interior un líquido espeso y brillante oscilaba lentamente, se dio cuenta de que era el temblor de su mano lo que causaba su movimiento.

-Bebe-dijo de pronto la figura sentada frente a él-te sentará bien.

Diego bebió el contenido de la taza de un trago, aguantando el tipo con firmeza, la etiqueta callejera siempre había sido uno de sus puntos fuertes.

-No está mal-gruñó mientras se levantaba-deberías comercializarlo allí arriba.

Diego recibió una sonrisa desdentada como respuesta.

-Me ofrecería a ser tu representante, pero aun no estoy seguro de si saldré vivo de esta; no sé cómo me voy a cargar a ese tío.

Monet dejó de sonreír y centró su atención en sus pies, meditando durante unos segundos antes de volver a hablar.

-¿No puedes esconderte hasta que se canse de buscarte?

-No-respondió-he trabajado con él, le conozco bien y él a mí, no tardaría en encontrarme y, de todos modos, sus jefes no se lo permitirían, se toman estas cosas muy a la tremenda.

La chica escuchaba atentamente cada palabra y Diego pensó que sería una lástima desperdiciar un público tan atento, se enderezó y aclaró su voz antes de continuar hablando.

-No soy un tipo presumido, pero ese asunto de Trilobyte fue una obra maestra, casi me apena que prácticamente todos los implicados estén muertos.

-Trilobyte-rió su público-que nombre más tonto.

Diego sonrió.

-Sí, los canadienses tienen un sentido del humor bastante moñas, pero eso no cambia las cosas, tendré que librarme de Herzl si quiero tener alguna posibilidad de desaparecer.

Arrojó su cigarrillo a uno de los charcos que decoraban el suelo del pozo y cerró su chaqueta.

-Ha sido un placer conocerte, Monet, gracias por la copa.

Monet sonrió de nuevo y se preparó pausadamente para buscar comida mientras Diego se internaba de nuevo en el laberinto de cemento.

***

La adrenalina sintética recorría con violencia el cuerpo de Diego a través de su torrente sanguíneo, bombeada por un corazón al borde del colapso. El tenue lamento de los conversores de gravedad se había transformado en un aullido que ahogaba el sonido de la pelea.
En el suelo, Chaim Herzl y Diego Teniers forcejeaban, intentando acabar con la vida del otro. Diego golpeó el suelo con la mano del asesino una y otra vez mientras presionaba su cara contra el suelo; el cerebro de Chaim se vio bombardeado por un abrumador flujo de datos mientras el procesador táctico instalado en su cerebro intentaba recalibrar el arma implantada en su brazo.

-Al viejo estilo entonces-pensó mientras desconectaba el procesador.

Agarró la mano de Diego y con un giro de muñeca liberó su cabeza, flexionó su pierna hasta situar el talón en el pecho de Diego y se liberó de su presa proyectándolo contra la pared de acero.
Aturdido por el golpe Diego miró al frente y notó el puño de Chaim impactando contra su pómulo en un puñetazo poco acertado, comprendió no tendría tanta suerte con el próximo golpe y se abalanzó contra su adversario. Su intento de desequilibrar a su enemigo falló y la rodilla de Chaim golpeó su costado, destrozando sus costillas y vaciando de aire sus pulmones; desesperado y sin opciones Diego agarró el brazo de Herzl y liberó la electricidad que almacenaba en sus pulgares.

Sus costillas gritaron suplicando por la inconsciencia mientras se derrumbaba al suelo sacudido por la electricidad; intentó levantarse, pero su cuerpo se mostró incapaz de obedecerle. Frente a él vio a Chaim y notó el olor de la carne quemada de su brazo cibernético; aun respiraba, pero permanecía inmóvil en el suelo.

-Sólo tengo que mantenerme despierto-rió-mantenerme despierto hasta que pueda moverme y entonces serás historia.